jueves, 10 de septiembre de 2015


 Orfandades citadinas
por Albert Trott

Ya no hay nada después del crepúsculo
cuando se vive en el distrito federal;
aquí, donde el tiempo devorador
del <<éxito>> y del <<tú debes>>
ennegrecen párpados y matan alegrías:
fustigan ideales, marchitan ilusiones,
atizan los temores y los semblantes, apaleados,
se hunden en sombríos letargos.
Ya no hay nada después de mañana
si en el hoy, el recuerdo enjuto
del amor, la amistad, el saludo
la sonrisa y la compañía está;
de esos que también eran habitados
por ocasos, luchas y penas cotidianas.
Ya no hay nada después de un abrazo
cuando aquellos que nos amaban
y amábamos, se han ido;
huérfanos, como nosotros,
combatientes aislados
en la vertiginosa ciudad.
¡Ay! ¿¡Y quién va a escuchar a mis amigos
como los hubiera escuchado yo!?
¿Quien me va a escuchar a mi
como me hubieran escuchado ellos,
que a dondequiera que voy
la desconsoladora soledad me recuerda
en cada suspiro, en cada silencio, en cada respiro;
curtidora y creadora de pieles artificiales,
la cercanía de mi propia muerte?




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