Sobre
el papel de las universidades en la actualidad
Alberto
Trott
17/12/2017
Última actualización:
08/01/2020
Hace algún tiempo, Wright
Mills escribió en su libro “La Imaginación sociológica”, acerca del papel del
científico social en relación al estado norteamericano en los años 1950´s, y el
carácter que, en virtud del pujante desarrollo industrial, la organización
administrativa y burocrática creciente, adquiría su quehacer científico.
Circunscrito por los intereses del Estado, el científico social actualmente se
ve constreñido a cumplir un papel subsidiario, acotado por una gran diversidad
de obstáculos, si su actividad es de investigación y docencia, y esto, parece
que en buena parte de las Universidades en México y Latinoamérica.
Hoy en día, --y según lo
planteado por Mills--, el científico social crítico, se ve obligado a cumplir
un papel burocrático-administrativo, consistente en el llenado de formatos,
papeleo, informes periódicos sobre su productividad, sobre cada una de las publicaciones
realizadas, desdibujándose así su
actividad creadora, genuina, artesanal.
Fenómeno recurrente, por otro
lado, lo es del académico subordinado y leal a corrientes políticas hegemónicas
dentro de la universidad, frente a las cuales desempeñan papeles de difusión y
promoción (activismo político o grillismo), acorde con los imperativos de una
estructura de gobierno caciquil, antidemocrática, oligárquica y nepótica, o
bien, como meros reproductores acríticos de dichos imperativos, sin importar las
tendencias políticas del o los gobiernos en turno.
La subordinación y lealtad de
tales académicos a los imperativos de una estructura hegemónica de gobierno, su
dependencia académica, guarda relación con la
asignación y transferencia de recursos a sus instituciones de
adscripción, y por lo tanto, con la consecución de sus proyectos académicos,
líneas de investigación y por ende, la permanencia en sus cargos académicos y el
cobro de sus sueldos, no siempre debidos a un trabajo individual, creador o
crítico del académico titular del proyecto o línea de investigación.
Anexo a ello, el subcontratismo
de equipos de trabajo dóciles[1], vulnerables a éste tipo
de organización académica caciquil, feudal, aunque modernizante y donde es posible encontrarnos con todo un conjunto de
prejuicios, ideologías justificatorias, dogmas, moralismos respecto al papel beatífico
del trabajo y del trabajador[2], estereotipos variopintos
sobre los jóvenes –quienes suelen trabajar al interior de la organización
universitaria, en calidad, hoy en día, de “prestadores de servicios”, rebajando
así, o negando su existencia objetiva en tanto trabajadores, por tanto, sin
derechos laborales--, todo lo cual va encaminado a generar una mansedumbre de
“colaboradores” contentos y satisfechos de seguir instrucciones, sin
posibilidad de incidir en los contenidos y conducción de los proyectos de
investigación principal, a través de su propia imaginación creadora y
pensamiento crítico.
Aquí el joven[3], realiza trabajos pesados[4], a cambio de un sueldo que
no refleja el trabajo realizado, sino lo que parece conveniente a su patrón, para
mantenerle en un estado de obediencia, pasividad y satisfecho con algunas
concesiones laborales pírricas[5], pero no así, el seguro
social, fondo de ahorro para el retiro, fondo de vivienda, descuentos para
compra de libros, credencial de trabajador universitario, disfrute de los
mismos beneficios universitarios[6] que los estudiantes o
trabajadores de base universitarios.
En realidad, se trata de
borrar desde su llegada al organismo universitario, la independencia y
autonomía de cada colaborador, su identidad, valores y personalidad, como
condición sine qua non de estadía, permanencia en la organización
universitaria, la cual asume como un favor trascendental, un privilegio, la
posibilidad del joven colaborador, de formar parte de “La Universidad”. Así,
por ésta vía, se va domesticando al joven, integrándolo al equipo de trabajo,
logrando que éste se “ponga la camiseta”, que participe en la grilla de sus
patrones, y sea un colaborador “bien integrado”.
[1] Es ya conocido el fenómeno de
subcontratación dentro de las Universidades Públicas, de los servicios
profesionales de jóvenes recién egresados o en proceso de egreso, pasantes y
demás, quienes a menudo, constreñidos por necesidades económicas apremiantes,
se ven orillados a aceptar éstas condiciones de trabajo, dada su frágil
posición académica y ante un panorama laboral generalmente poco halagüeño más
allá de la universidad. De todos modos, estos jóvenes suelen ser quienes
sobrellevan en gran medida el trabajo que entrañan los proyectos adscritos a
alguna línea de investigación de las diversas instituciones, programas
universitarios o centros de investigación, muchas veces, sin el crédito debido
a su trabajo en publicaciones, artículos y demás, dando lugar a un extendido y
recurrente fenómeno de plagio académico.
[2] Aquí las oportunidades para exaltar las
cualidades de ciertos colaboradores es crucial para el patrón, pues sirve para
mostrar a los dudosos, el camino del buen trabajador, quien debe ser obediente,
seguir correctamente las instrucciones, lo cual ocurre en las “reuniones de
trabajo”, y que son cátedras de moral laboral burguesa, dictadas por el patrón,
mismo que se asume, por cierto, como poseedor de la razón suficiente y
absoluta, no tolerando puntos de vista discordantes a su liderazgo vertical y
autoritario, ducho en imponer órdenes.
[3] Al cual, se le suele achacar su
holgazanería, falta de identidad, etcétera.
[4] Se aprecia, en la moralidad neoliberal
del trabajo, aquél trabajador que entrega mayor volumen de trabajo por menor
cantidad de tiempo. Es el trabajador ejemplar, que será ascendido de jerarquía,
dando lugar al trabajador “chambón”. No obstante, con bastante frecuencia, el
volumen de trabajo no se corresponde con un contenido de calidad, en el producto
final.
[5] Tales como vacaciones pagadas, firma de
contrato mensual, el ser parte de una universidad de prestigio y estar
trabajando para la universidad, comidas navideñas, día festivos pagados…
[6] Como acceso gratuito a áreas
deportivas; descuentos para salas de cine, teatro, música, danza, teatro;
descuentos para compra de libros, descuentos para realización de viajes para la
realización de trabajo de campo; descuentos para tomar cursos de capacitación
de idiomas u otras herramientas indispensables para la mejora en el desempeño
laboral y profesional, goce de servicios médicos al igual que la comunidad
universitaria, descuentos para tomar diplomados y/o cursos académicos, con
valor curricular; incentivos para realizar maestrías de todo su personal.
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